Hay pocos síntomas en biodescodificación que sean tan multifactoriales como el sobrepeso, vamos a dedicar este post a algunas de las descodificaciones más frecuentes, teniendo en cuenta que el sobrepeso funciona como si fuera un pastel: así, si uno descodifica un trozo de tarta puede que solucione una parte del sobrepeso que tiene y si todavía hay un exceso de peso, habrá que seguir trabajando en otras partes del pastel…

Ya hace un tiempo que tengo cada vez más claro que adelgazar o engordar no tiene mucho que ver con lo que comemos, todos hemos oído casos de personas que haciendo dieta no consiguen adelgazar o que recuperan su peso inicial al cabo de poco tiempo, otras personas que comiendo más o menos lo mismo pueden oscilar fácilmente entre 6 y 10 kg en cuestión de semanas, por no hablar de las diferencias interpersonales respecto al peso que solemos atribuir al metabolismo, la constitución o a la genética pero que en realidad están mucho más relacionadas con lo que está ocurriendo en sus vidas y las emociones que están viviendo.

Dicho esto, vamos a definir primero lo que entendemos por sobrepeso, porque aquí también hay diferencias culturales notables y mucha presión social para mantenernos en unos cánones estéticos que no siempre son saludables…

La OMS define el sobrepeso a través del Índice de Masa Corporal (IMC) que es el resultado de dividir el peso de una persona por su altura al cuadrado… y existen unos baremos para tener una idea general de si existe o no sobrepeso:

sobrepeso

  • Un IMC inferior a 18.5 sería considerado bajo peso
  • Un IMC entre 18.5 y 25 sería considerado “normal”
  • Un IMC entre 25 y 30 sería considerado sobrepeso
  • Un IMC superior a 30 sería considerado obesidad

En este enlace de la OCU hay una calculadora muy práctica en la que introduces tus datos y te indican directamente tu IMC.

Una de las primeras preguntas que hacemos a pacientes que consultan por sobrepeso es el número de kilos de más, ¿cuantos kg. le parece a la persona que le sobran?… y esto es importante porque es un dato subjetivo, una percepción personal, una cifra que viene del inconsciente y que contiene información importante que podemos utilizar para el tratamiento.

Por ejemplo, una mujer con sobrepeso respondió a esta pregunta diciendo que ella creía que le sobraban 24 kg. (y no dijo 20 o 26), la cuestión es que antes de consultar había probado de todo (dietas, ayunos, deporte, terapias de varios tipos…) y no conseguía bajar de ese peso… Se le preguntó que había pasado a los 24 años o a los 24 meses y la respuesta surgió rápidamente acompañada de un mar de lágrimas. Perdió a su madre cuando tenía 24 años, que murió de cáncer y la cuidó durante sus últimos meses de su vida. (Caso de Salomon Sellam)

Es un caso de duelo bloqueado en el que se dió el mecanismo de incorporación, que consiste en que la persona incorpora en su cuerpo de esta forma a alguien que ya no está… Durante la semana siguiente al tratamiento esta mujer bajo 5 o 6 kg. hasta que de forma natural y sin hacer ningún esfuerzo recuperó su peso. También se puede dar este fenómeno cuando alguien no consigue bajar de cierta cifra y siempre tiene que ver con un evento traumático relacionado con el abandono y la falta de protección.

El sobrepeso está relacionado con el síndrome del abandono o con la sensación de haber sido abandonado, aunque muchas veces la persona no llegue a ser consciente de ello… y si nos vamos al sentido arcaico: estar solo en la naturaleza equivale a una muerte segura, sobretodo cuando somos pequeños, así que se activan automáticamente mecanismos de protección:

  • La sensación de estar solo produce un derrumbamiento de la existencia profunda, a nivel biológico de solicita la función renal para retener el máximo de agua en el interior del organismo y se traduce en retención de líquidos.
  • La falta de alimentos pone de relieve la necesidad tener reservas de alimentos para poder aguantar el mayor tiempo posible, lo que me lleva a almacenar grasas y a modificar el metabolismo de los lípidos para seguir construyendo el organismo.
  • La sensación de estar perdido, solicita las glándulas suprarrenales que se relacionan con la secreción de cortisol, que se relaciona a su vez con el cansancio matinal y la tendencia a la inmovilidad física y mental.
  • La impotencia de no poder hacer nada más que soportar este abandono, lleva al sentimiento de desvalorización que tiene que ver con todo el sistema osteo-articular, así como con la sangre, los diferentes tejidos y la grasa.
  • La vulnerabilidad ante depredadores me puede llevar a usar la técnica del camuflaje o la transformación física para pasar desapercibido, o aumentar el volumen para impresionar a los enemigos, para ser vistos/reconocidos por los miembros de mi clan o ponerme un escudo protector para hacer frente a los depredadores.
  • El miedo frontal es el que pone a la persona en un estado de constante atención y vigilancia para poder identificar el peligro lo antes posible y reaccionar a tiempo.
  • La gestión del tiempo es de vital importancia, lo que solicita a la tiroides para activar el metabolismo para poder huir en caso de agresión.

A su vez el tejido adiposo (grasa) en el cuerpo tiene varias funciones que nos dan algunas claves más para entender cual es el sentido biológico de acumular tejido adiposo en el cuerpo: está al servicio de los demás, da soporte (literal en el caso de los riñones por ejemplo), es un protector térmico (aislante) y mecánico (golpes), está presente en todo el cuerpo, almacena las reservas de energía, está relacionado con la producción de lectina que nos provoca sensación de saciedad, y finalmente tiene una función respecto a la identidad sexual y a la necesidad de reproducirse (es por esto que las mujeres tienen un 20% más de grasa que los hombres, porque es necesaria para poder llevar a término un embarazo y amamantar al bebé)

Muchas veces este síndrome de abandono se produce durante la infancia, así que es muy común que las personas con sobrepeso se hayan estructurado justamente alrededor de este conflicto, con lo que nos encontramos con conflictos estructurantes que son creencias muy instaladas en la persona, diría que centrales en su estructura de personalidad, muy presentes en su forma de ver el mundo y a la hora de relacionarse con los demás. Veamos algunas de estas estructuras:

  • Personas que sienten que tienen que ser fuertes, que han crecido creyendo que solo cuentan con ellas mismas, son personas que lo aguantan todo y a menudo son un pilar fundamental de su entorno, que tienen que resistir y aguantar todo.
  • Personas que estan al servicio de los otros, que se dan completamente, que sienten que solo existen si se dan a los demás y se preocupan más de los otros que de ellas mismas porque eso les da un lugar. Necesitan contacto y protección, pero no quieren ser reconocidas en su interior, por lo que se ponen una armadura.
  • Personas desbordadas, que sienten que no llegan a hacer todo lo que tienen que hacer, creen que para “ser” tienen que “hacer” y sienten que no tienen tiempo para hacer las cosas, como si necesitaran parar el tiempo.
  • Personas almacenadoras, debido a una carencia o a una falta su solución es almacenar, guardar recursos… Sienten que les falta algo y lo guardan así en su interior. Este sería el caso del mecanismo de incorporación que hemos comentado antes y de las personas que tienen la necesidad de llenarse para evitar sentir el vacío.
  • Personas perdidas, que no tienen referentes y no saben donde ir, que hacer a nivel existencial, personas que se sienten solas y desorientadas…
  • Personas víctimas de agresiones, la mirada de los demás es una agresión y la mirada hacia ellas mismas también es una agresión… va unido al sentimiento de culpabilidad y para estas personas, adelgazar es peligroso porque pueden ser personas más seductoras y esto llevarles a vivir otra agresión.
  • Personas que sonríen como sistema de defensa para que las acepten, para ser queridas, para evitar el rechazo… niegan o relativizan el sufrimiento, evitando sentir el dolor y poniendo una sonrisa perpetua ante la vida.

En todos estos casos, se ve muy claro como el sobrepeso está cumpliendo una función y una vez más el cuerpo actúa para ayudarnos, para tratar de resolver este conflicto que quizás desde hace muchos años está latente en nuestro interior. La clave, como siempre es tomar conciencia, encontrar la forma de expresar estas emociones, y añadir otra información a esta estructura para que el cuerpo pueda dejar de expresarse a través del sobrepeso y recuperar así nuestra salud.

Sólo una cosita más… hay algunos conflictos bloqueantes que impiden la mejora de este síntoma y uno de los principales es la desvalorización estética que provoca el conflicto de silueta… un conflicto que sabotea muy a menudo los intentos de adelgazamiento y tiene que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos cuando nos miramos al espejo. Consiste en que muchas personas con sobrepeso se encuentran con una imagen que no les gusta y esto supone un nuevo conflicto en el que se acentúa la desvalorización y la impotencia de no poder adelgazar a pesar de todos los esfuerzos… a veces incluso aparece la sensación de asco o repulsión hacia su propia imagen y estas emociones solicitan una hormona llamada glucagón, que provoca hipoglicemia y que se traduce en más sensación de hambre, creándose así un círculo vicioso que bloquea la curación… así que es muy importante tener una actitud positiva hacia nuestro cuerpo y ser capaces de mirarlo con amor!

El tema del sobrepeso es todavía mucho más complejo, podríamos analizar su relación con el transgeneracional y las lealtades familiares, el proyecto sentido y lo que estaba ocurriendo durante nuestra etapa intrauterina justo cuando se creó el tejido adiposo, descubrir el sentido que tiene acumular grasa de forma localizada en una parte del cuerpo, el significado de la comida como símbolo del alimento emocional, el papel que tiene en la gestión del estrés, la vinculación del sobrepeso con el dinero… así que el objetivo de este artículo es abrir la puerta a una nueva percepción del sobrepeso que permita a quien se lo proponga iniciar un proceso de autoconocimiento más profundo.

Me gustaría agradecer aquí el trabajo que han hecho previamente sobre este tema Salomon Sellam, Beatrice Bourau, Enric Corbera y Rafael Marañón, que me ha aportado inspiración y una información muy valiosa para la redacción de este texto.