En biodescodificación trabajamos con diferentes tipos de conflictos que están detrás de los síntomas físicos que tratamos y es interesante comprenderlos para entender como funciona la dinámica de las enfermedades, porque se nos repiten ciertas situaciones, como nos afectan algunas vivencias…

Así en primer lugar nos encontramos con el conflicto programante, que como su nombre indica es el conflicto que programa o graba cierta información en el inconsciente y es muy probable que no provoque ningún síntoma.

Normalmente se vive en edades tempranas (a menudo durante el periodo del proyecto sentido) o en la adolescencia, que son etapas donde el ser humano experimenta cambios muy importantes, somos muy sensibles a emociones, experiencias y situaciones en nuestra vida… además nuestra mente y la nuestra biología están muy receptivas y funcionan muy a la par.

El conflicto programante normalmente no produce la enfermedad, es sólo la huella, el impacto emocional…, aunque hay situaciones tan importantes en la vida de una persona que un conflicto puede ser a la vez programante y desencadenante.

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El conflicto desencadenante es un conflicto que guarda relación con un programante, probablemente tenga el mismo tono que el primero y cuando aparece, desencadena la enfermedad como una reacción biológica de supervivencia. Es el que abre el programa creado por el conflicto programante y lo pone en marcha.

Es muy importante empezar por el conflicto desencadenante, ya que es el que nos llevara al conflicto programante, pero en realidad el conflicto importante que hay que resolver es el programante y la vida nos pone en situaciones que nos lleven a revivir ese conflicto inicial para poder finalmente resolverlo.

Por ejemplo una persona adulta tiene hemorroides por primera vez a los 28 años a raíz de una situación en el trabajo en la que se siente excluido de sus compañeros y no encuentra su lugar en la empresa. Esto sería claramente un desencadenante y cuando buscamos en su historia encontramos una situación muy parecida con sus hermanos (es el pequeño de 5 hermanos a 6 años del siguiente) y luego, en un cambio de colegio a los 14 vuelve a haber una situación muy parecida en la que se siente excluido y sin lugar en el grupo. En este caso, el programante es la situación con sus hermanos cuando el tenía 7 años.

Un conflicto programante puede tener varios conflictos desencadenantes asociados y lo más interesante es que si trabajamos sobre un desencadenante, estamos trabajando a la vez sobre el programante, porque es el mismo conflicto en realidad.

El conflicto autoprogramante es, como dice la misma palabra, un conflicto que nos auto-programamos, que no necesita un evento exterior, sino que es la misma persona que, con sus creencias, con su forma de percibir la realidad, que se auto-crea un conflicto que se auto-alimenta a si mismo, como si fuera un bucle.

Por ejemplo, cuando biodescodificamos a una persona con pólipos en el intestino, la fase vagotónica (curativa) es un sangrado. Si no se le avisa de que puede pasarle esto, se puede asustar y esta persona vivir este sangrado como otro bioshock, y por lo tanto como otro conflicto que se puede expresar con otro síntoma en función de como se viva. O este mismo conflicto explica también algunas metástasis en casos de cáncer.

Otro conflicto muy común del que tenemos que ocuparnos es el conflicto de diagnóstico, que se da en el momento en el que una persona recibe un diagnóstico y lo vive como un bioshock, sobretodo si es el diagnóstico de una enfermedad grave o nos ha cogido por sorpresa y no estamos protegidos.

Un diagnóstico es una creencia que proviene de un profesional hacia el cual estamos descentrados, porque viene de alguien a quien damos mucha autoridad, le damos todo el poder y no ponemos en duda lo que nos dice. Así que incorporamos esa creencia junto con nuestros significados personales asociados y de alguna forma nos quedamos atrapados en esta creencia que en realidad no es nuestra.

Es muy importante poder hablar de ello: ¿como se ha enterado?, ¿quien se lo ha dicho?, ¿qué significa para él ese diagnóstico?, ¿como lo ha experimentado?, ¿qué ha pensado/sentido justo en ese momento? ¿qué hubiera necesitado? ¿qué es lo que no dijo?

Y para terminar este post os cuento una anécdota que me encanta para reflexionar sobre el poder que les damos a los médicos o a cualquier agente de salud:

Había un señor que fué al oncólogo y este le dijo: “Sr. O tiene Ud. un cáncer terminal” y le da hora para dentro de 3 meses sin muchas esperanzas de volver a verlo, pero a los 3 meses vuelve el paciente y el doctor no puede esconder su sorpresa: “Hombre, Sr. O, ¿como está?” y el paciente le dice: “Pues muy bien Dr., es lo que Ud. dijo: el cáncer está terminado!”